Curiosos inventos, almohadas de lúpulo

Curiosos inventos, almohadas de lúpulo

La búsqueda de información sobre el lúpulo me permite a veces encontrar valiosa información o, como en este caso, curiosos inventos de la época.

Ciertamente no sabría decir si tal invento logró los prometedores efectos que dice, aunque bien es cierto que el consumo de lúpulo puede provocar en algunas personas cierta somnolencia, creo que este invento no alcanzó el éxito, prueba de ello es que no perduró en el tiempo. Quizás todo fue fruto del ingenio de algunos para obtener un beneficio rápido y fácil del que, finalmente, no sería más que otro curioso invento que quedó en el olvido.

De las varias noticias publicadas en la época, en torno a octubre de 1.889, transcribo literalmente una de esas noticias. Creo que os resultará muy curiosa la noticia.

«Cuenta Kasabal en El Resumen, que casi todas las señoras que regresan de París traen entre las novedades de este año una que cuidan con particular esmero: una almohada que en vez de lana, pluma o cerda, está llena de lúpulo. Es el gran remedio o al menos el último contra una enfermedad muy extendida, especialmente entre el bello sexo: el insomnio.

Hubo una época en que estuvieron de moda los desmayos; por cualquier motivo, por la cosa más insignificante una mujer sensible caía desmayada y no podía ir a ninguna parte sin el reparador pomito de sales.

A los desmayos sucedieron los ataques de nervios y hoy la pícara neurosis nos ha traído los insomnios.

Antes era cualidad de las mujeres hermosas hacer perder el sueño a sus adoradores; ahora parece que son ellas las que no duermen mientras los hombres materialistas y groseros roncan a pierna suelta.

El cloral ha ofrecido durante algún tiempo remedio, y ha estado muy extendida la moda de las inyecciones hipodérmicas de morfina; pero este remedio era peor que la enfermedad, porque destruía rápidamente la salud.

El lúpulo, la planta que crece abundantísima en el Norte de Francia, en Bélgica, en Alemania y en Inglaterra, ha proporcionado el remedio, y dicen que basta reclinar la cabeza en la almohada rellena con las hojas y las flores de lo que llama algunos La Niña del Norte, para sumergirse en las dulzuras del sueño.

Si esto es cierto, no puede ser mayor la dicha, y la humanidad agradecida tendrá que elevar una estatua al que ha hecho el descubrimiento.

Que se sufre un grave disgusto, que se tiene un hondo pesar, pues a reclinar la cabeza sobre la almohada repleta de lúpulo y a dormir mientras se desliza el tiempo, el gran arreglador de todos los disturbios y mientras viene el olvido, el bálsamo de todas las penas.

el lupulo

El buen Baltasar de Alcázar, en su Secreto para sacudir y conciliar el sueño, dice:

Cuando el sueño se detiene

Rezo para reposar,

Y en comenzando a rezar

En el mismo punto viene,

Esto podría suceder en el siglo XVII, hoy ya se reza poco, y quizás algunas de las que más necesiten conciliar el sueño, no sepan.

El sueño es el gran alivio de males; divino, amoroso, le llamaba Herrera, y le tenía por regalo al más afligido cuando le invocaba en sus sentidos versos.

Hace tiempo que nuestros elegantes le vieron huir con la frente coronada de adormideras, y desertar por completo de sus coquetones dormitorios, decorados con todos los primores pompadurescos. En vano corrían en torno del hecho en que el pincel dejó mofletudos amorcillos extendiendo guirnaldas de flores, las cortinas azul y rosa que servían de trasparente al encaje; en vano se suavizaba la luz para que adquiriese leves y delicados tonos; en vano se componía el silencio; el sueño no llegaba a acariciar los cansados párpados ni a rociar las sienes con el grato licor de la adormidera, para llevar la imaginación a las encantadas regiones de las gratas quimeras; y era preciso recurrir al soporífero cloral, o a la morphina, que deja por mucho tiempo el frio en las venas y el abatimiento en el cuerpo.

Hoy la almohada de lúpulo parece que lo va a arreglar todo; están de pésame los bebedores de cerveza, porque con la competencia se encarecerá una de las bases de su licor preferido.

Como el lúpulo dé ese resultado que ahora le atribuye la moda, está asegurado el negocio de sus cultivadores; porque, en verdad, hay en estos tiempos muchas cosas que hacen perder el sueño.»

Fuente: Publicado en el Crónica Meridional el 02/10/1889,

Juan Manuel Fernández

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